Una costa: la de Llanes. Un libro: hay tantos ¡¡¡ Arte : Rinascimento italiano, Modernismo catalán, Romanico …

Tempus de…Temporas

QUE es el Tempus de … Temporas?

Una excusa para irse de cena con un amigo.

Una excusa para abrir un paréntesis en la rutina semanal de trabajo, entrenamiento, familia y demás compromisos.

Una excusa para dedicar un rato a charlar sin interrupciones. O a estar en silencio. Tanto vale lo uno como lo otro.

Una excusa para hablar de libros y lecturas. Y de proyectos.

Una excusa para comer bien.

Anchoas 2012.

“Una cena de procurador” …Pronto llegó la hora de comer. Pasaron al comedor, gran sala oscura, que se hallaba situada enfrente a la cocina.

Los pasantes que, a lo que parece, habían notado en la casa perfumes desacostumbrados, eran de una exactitud militar,y tenían a mano sus taburetes, dispuestos como estaban a sentarse. Se los veía remover por adelantado las mandíbulas con disposiciones tremendas.

Rediós ¡ pensó Porthos lanzando una mirada sobre los tres hambrientos, porque el mandadero no era, como es lógico, admitido en los honores de la mesa magistral. Redios ¡ En lugar de mi primo, yo no conservaría semejantes golosos. Se diría naúfragos que no han comido desde hace seis semanas.

Maese Coquenard entró, empujado en su sillón de ruedas por la señora Coquenard, a quien Porthos,a su vez, vino a ayudar para llevar a su marido hasta la mesa.

Apenas hubo entrado, movió la nariz y las mandíbulas al igual que sus pasantes.

Vaya, Vaya ¡ dijo. Tenemos una sopa prometedora.

Qué diablos huelen de extraordinario en la sopa? dijo Porthos ante el aspecto de un caldo pálido, abundante, pero completamente ciego y sobre el que nadaban algunas cortezas, raras como las islas de un archipiélago.

La señora Conquenard sonrió y a una indicación suya todo el mundo se sentó con diligencia.

El primero en ser servido fue maese Conquenard,  luego Porthos; después la señora Conquenard llenó su plato y distribuyó las cortezas sin caldo a los pasantes impacientes.

En aquel momento se abrió por sí sola la puerta del comedor rechinando, y Porthos, a través de los batientes entreabiertos, vio al pequeño recadero que, no pudiendo participar en el festín, comíasu pan entre el doble olor de la cocina y del comedor.

Tras la sopa, la criada trajo una gallina hervida;magnificencia que hizo dilatar los párpados de los invitados de tal forma que parecían a punto de romperse.

Cómo se ve que quereis a vuestra familia, señora Conquenard ¡ dijo el procurador con una sonrisa casi trágica. Esto es una galantería que tenéis con vuestro primo.

La pobre gallina era delgada y estba revestida de uno de esos gruesos pellejos erizados que los huesos nunca horadan pese a sus esfuerzos;habrían tenido que buscarla durante mucho tiempo antes de encontrarla enel palo al que se había retirado para morir de vejez

Diablos – penso Porthos-. Sí que es triste esto ¡ Yo respecto la vejez, peo hago poco caso de si está hervida o asada.

Y miró a la redonda para ver si su opinión erar compartida; pero al contrario que él, Porthos no vio más que ojos resplandecientes, que devoraban por adelantado aquella sublime gallina, objeto de sus desprecios.

La señora Conquenard atrajo la fuente para sí, separó habilmente las dos grandes patas negras, que puso en el plato de su marido; cortó el cuello, que se puso, dejando a un lado la cabeza, para ella; cortó el ala para Porthos y devolvió a la criada que acababa de traerlo el animal, que volvió casi intacto, y que había desaparecido atnes de que el mosquetero tuviera tiempo de examinar las variaciones que el desencanto pone en los rostros, según los caracteres y temperamentos de quienes lo experimentan.

En lugar del pollo, hizo su entrada una fuente de habas, fuente enorme en la que hacían ademán de mostrarse algunos huesos de cordero, a los que en un principio se hubiera creído acompañados de carne.

Mas los pasantes no fueron víctimas de esta superchería y los rostros lúgubres se convirtieron en rostros resignados.

La señora Conquenard distribuyó este manjar a los jóvenes con la moderación de una buena ama de casa.

Llegó la ronda del vino. Maese Conquenard echó de una botella de gres muy exigua el tercio de un vaso a cada uno de los jóvenes, se sirvió a si mismo en proporciones casi iguales, y la botella pasó al punto del lado de Porthos y de la señora Conquenard.

Los jóvenes llenaron con agua aquel tercio de vino, luego, cuando habían bebido la mitad del vaso, volvían a llenarlo, y seguían haciéndolo así; lo cual les llevaba al final de la comida a tragar una bebiba que del color del rubí había pasado al del topacio quemado.

Porthos comió timidamente su ala de gallina, y se estremeció al sentir bajo la mesa de la rodilla de la procuradora que venía a encontrar la suya. Bebió también medio vaso de aquel vino tan escatimado, y que reconoció como uno de sus horribles caldos de Montreuil, terror de los paladares expertos.

Maese Conquenard lo miró enguillir aquel vino puro y suspiró

Queréis comer estas habas, primo Porthos? -dijo la señora Conquenard en ese tono de voz que quiere decir : Creedme, no las comáis.

Al diablo si las pruebo ¡ murmuró por lo bajo Porthos. Y añadió en voz alta – : gracias, prima, no tengo más hambre.

Y se hizo un silencio. Porthos no sabía qué comportamiento tener. El procurador repitió varias veces:

Ay, señora Coquenard ¡ Os felicito, vuestra comida era un verdadero festín. Dios, cómo he comido ¡

Maese Coquenard había comido su sopa, las patas negras de la gallina y el único hueso de cordero en que había algo de carne.

Porthos creyó que se burlaban de él, y comenzó a retorcerse el mostacho y a fruncir el entrecejo; pero la rodilla de la señora Coquenard vino suavemente a aconsejarle paciencia.

Aquel silencio y aquella interrupción de servicio, que se habían vuesto ininteligibles para Porthos, tenían por el contrario una significación terrible para los pasantes: a una mirada del procurador, acompañada de una sonrisa de la señora Conquenard, se levantaron suavemente de la mesa, plegaron sus servilletas más lentamente aún, luego saludaron y se fueron.

Id,  jóvenes, id a hacer la digestión trabajando – dijo gravemente el procurador.

Una vez idos los pasantes, la señora Coquenard se levantó y sacó un trozo de queso, confitura de membrillo y un pastel que ella misma había hecho con almendras y miel.

Maese Coquenard frunció el ceño, porque veía demasiados postres; Porthos se pellizcó los labios, porque veía que no había nada que comer.

Miró si aún estaba allí el plato de habas; el plato de habas había desaparecido.

Gran festín – exclamó Maese Coquenard agitándose en su silla-, auténtico festín, epuloe epularum; Lúculo cena en casa de Lúculo.

Porthos miró labotella que estaba a su lado, y esperó que con vino, pan y queso comería; pero no había vino, la botella estaba vacía; el señor y la señora Coquenard no parecieron darse cuenta.

Está bien- se dijo Porthos-,ya estoy avisado.

“Los tres Mosqueteros”  Alexandre Dumas

Berdel. Getaria.  Luego estuvimos de acuerdo en que el berdel igual es mejor para comer porque la digestión puede complicarse.

Y en Enero 2012 nos fuimos de …Ostras

Seguimos el consejo de mi amiga Edurne y nos fuimos a Le Parc à Huitres en Hendaia ; en pleno puerto depotivo, al lado de Triboard.  Impresionante. E investigando un poco en Internet antes de reservar me encontré con información  sobre quienes son sus proveedores, etc…Muy, muy buena la página de David Herve.

14.07.2011.No era la primera vez que el Iron y yo nos íbamos  de… témporas. Si mal no recuerdo en esta salida lo que cayó fue bonito a la plancha. En la terraza del Myflower en Getaria. Una noche de verano impresionante.

Tiempo de Temporas.  Primera salida.

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